Acerca de

Mi nombre es José Rodríguez y soy un motorista aficionado a las rutas turísticas y a los buenos ratos y almuerzos con los amigos.

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicación con una gran afición a la tecnología, el mundo del motor y las rutas en moto.

Desde siempre me ha llamado mucho la atención la mecánica, la electricidad y, como yo digo, «todo lo que se enchufa» y, por supuesto, las motos aunque debido al gran miedo que mi madre le ha tenido siempre no he podido tener una hasta los 27 años cuando me compré mi primer scooter 125 (con carnet de coche) fruto de mi trabajo y mi primer préstamo.

Esta primera maravilla de dos ruedas fue una Majesty 125, un excelente scooter monocilíndrico de 125 c.c., cuatro tiempos y 12,5 C.V. que consumía menos que un mechero. Una moto cómoda, ágil y económica aunque con una escasa aceleración y una velocidad punta ajustada pero suficiente.

Después de tenerla, y tras dos caídas con culpa del contrario y un dedo del pie roto, decidí sacarme el carnet de moto «gorda» (y apurando antes de que saliera el A2), y a los seis meses de tenerlo fui a por una Fazer S2 y terminé con mi queridísima Bandit 650 S/A ya que ésta disponía de ABS y era unos mil euros más barata que la Yamaha, además de que el vendendor (persona para mí de mucha confianza) me la recomendó ya que me sería mejor para aprender. Y sí, así fue, gracias a su motor con muchos bajos y un gran torque, aunque con unos «kilitos» de más, se hace muy fácil la conducción.

Aun recuerdo la semana que pasé con mi Majesty a la espera de la Bandit. Tenía que entregarla y la seguía usando, estaba nervioso por rayarla o hacerle algo y que luego no me descontasen lo acordado por que la moto no estuviese en condiciones pero no pasó nada. La entregué con dos años y medio y 24000 Km (sí, veinticuatro mil).

La primera sensación al subirme a la Bandit también la recuerdo muy bien, «¡COMO PESA! pero es tan bonita y brillante…». La tuve que comprar limitada a 34 C.V. ya que apenas tenía el carnet A seis meses, casi nadie me quería asegurar… Cuando salí del concesionario iba con las piernas abiertas ya que debía bajar la acera y girar 90º para ponerme en el carril de la avenida que me llevaría a casa y «apenas» le dí al acelerador y, no sé cómo, la moto de repente subió del ralentí a las 7000 r.p.m. y salió volando… Nunca había sentido esa sensación de pontencia y «mala uva» de un motor… pero logré controlarla y hacerme a ella.

Con la práctica, el uso diario para ir a trabajar y las salidas con Moteros de Alicante y los muchos kilómetros con mi compañero, y quien después sería mi gran amigo, «Seigen», he ido dominando la moto y fuimos aprendiendo juntos (ambos éramos novatos cuando nos conocimos). Hoy, en los primeros días de 2019, esta moto acaba de cumplir los once años (el día 11) y ya tiene «apenas» 160.000 Km (sí, ciento sesenta mil) y ha ido varias veces a Francia (Rutas de los Penitentes, un Puertos Míticos y por cuenta propia), Navarra (Navarider), Huelva y Portugal (Desafío Invernal), Almería (por cuenta propia y varias veces al Reto Conguitos), varias veces a Góntar, muchas a Murcia, varias a Albacete y Río Mundo e innumerables salidas por Alicante y Valencia. Espero poder seguir disfrutando de ella, visitar Gibraltar, hacer el Desafío Asturias y planificar una «Transcantábrica» y recorrer la costa norte de España, pero «ya veremos…».